miércoles, 5 de noviembre de 2014

Culto a la muerte

Guardar luto era una tradición que no se pasaba por alto. Naturalmente, dependía de la relación o parentesco con la persona fallecida. Si era el padre o la madre, un luto “cerrado”, vestida de negro por dos o tres años. Era un recogimiento total, no se escuchaba música y las parejas se abstenían de tener relaciones sexuales, porque estaban pecando.
Si eran tíos, padrinos y ahijados, “medio luto”, con diseños diminutos de color negro y blanco y el tiempo de este recogimiento variaba dependiendo de la relación afectiva. Así sucedía con los primos, que el color variaba, desde negro y blanco, gris con blanco hasta cuadritos morados y blancos. También se ponían un “disimulo” para los familiares lejanos y los vecinos, que solía ser gris, color crema, variando también el tiempo. Todavía esta costumbre existe en los campos y si la persona que lleva el luto pasa de los 55 o 60 años es muy probable que lleve el luto de por vida.
¡Cuántas críticas surgían cuando no se “guardaba” el luto como era debido! Y pensar que los hombres “llevaban” el luto por dentro, no se les exigía.
Y hablando de luto, en los 80, cuando trabajaba en El Nuevo Diario como cronista social, mientras asistía a una de las actividades nocturnas, esta vez en el antiguo hotel Lina, tomé un carro público a las 10:00 de la noche para regresar a mi casa. Vivía en la calle Arturo Logroño del ensanche La Fe, perpendicular a la Máximo Gómez, la cual sale al Cementerio.
Duré unos 40 minutos diciéndoles a los choferes: “derechoooo, hasta el cementerio”, “derechooooo, hasta el cementerio. ¡No tuve suerte! Uno de los colegas al verme solita, tan tarde en la noche, me llevó a mi casa.
Al día siguiente fue que comprendí que los choferes creían que yo era una muerta, por mi vestimenta negra, además de pedir ruta “derecho, hasta el Cementerio”, sin pensar que la última frase la decía, para que no creyeran que llegaba hasta la Nicolás de Ovando.
Mientras viví en esa calle, nunca usé vestidos negros en horas de la noche, tampoco llegaba tarde a mi casa y solamente pedía “de-re-cho”. 

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Publicado en El Nuevo Diario, con el título "El luto y el disimulo", el 30-11-2008
Publicado y editado en Listín Diario, con el título Culto a la muerte, el 5-11-2014.

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