sábado, 16 de julio de 2016

Quién invade el territorio a quién?

Hace más o menos dos años descubrí más de veinte panales de abeja en un área de mi hogar. Ya no existen, porque las trasladamos a otro lugar en el que ellas se sentirían mejor.
 
Pues, en la mañana de ayer descubrimos que un par de tortolitos están haciendo un nido, justo en el ventanal de la cocina.
El tortolito va y viene buscando las ramitas para elaborar el nido, mientras la tórtola va acotejando las ramitas para darle forma.
 
Ahora no puedo o no debo abrir la ventana para no romper su ciclo vital. Tomé las fotos detrás de un cristal ahumado.


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Xiomarita Pérez
Texto y fotos
Publicado el 16-07-2016

miércoles, 6 de julio de 2016

Las tradiciones de un país


Me angustia la forma de cómo estamos proyectando nuestra identidad. Llegará el tiempo en que también se transformará pero negativamente,  mientras sigamos ayudando a otros pueblos, a otras personas a cambiar sus costumbres por innovaciones. Critico firmemente que vayamos a las provincias a imponer nuestras reglas y mientras hagamos esto estamos deformando la identidad.  Me explico: Cuando vamos a un hogar campestre y le regalamos a esa familia una greca para facilitarle el trabajo que hace un colador de tela, estamos contribuyendo a la pérdida de las tradiciones. Esos cambios deben ser por necesidad y no por imposición.
Músicos y bailadores de congos en Villa Mella

Si decimos que la cofradía de los congos de Villa Mella tiene que vivir del motoconcho porque no tienen la forma de seguir la tradición, estamos haciéndole daño. Y me pregunto ¿Qué hacían estas personas antes de la UNESCO otorgarle el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad?, celebrar la fiesta del Espíritu Santo, celebrar cabos de año y bancos, lo que es su costumbre, que no lo hacen para los visitantes, es una práctica de ellos, es su tradición que aun conservan.
Cuando visito a mi amiga Matilde y le digo que no coloque las fotos en la sala, porque es en el pasillo que se estila colocarlas o regalarle flores de seda porque las plásticas que tiene no están de moda, estoy contribuyendo a que se transformen esas costumbres por imposición.
Gagá de los bateyes (X.P.)
¿Cuál es el motivo que me induce a inmiscuirme o tener injerencia en un grupo social que no es el mío? ¿Por qué tengo que enseñarle a esa gente a pedir, si nunca lo han hecho, qué me mueve a mí a ayudarlo, a tenerle pena?
¿Porqué debo tenerle pena a un grupo que vive del trabajo y sus tradiciones como a los guloyas, Hilda Peguero o a la capitana de la sarandunga de Baní? Ninguno de estos grupos los he oído diciendo que no se va a celebrar la actividad porque no tienen dinero. Estas personas que menciono son muy honestas y han mantenido sus tradiciones por años, por lo que no necesitan de personas que los aúpen. Para ayudar a conservar una tradición no es criticando a los gobiernos de turno a que ayuden con dinero, es apoyarlas con planes de salud, para que nos duren más, como teníamos programado un operativo médico en el año 2005.
Bailando sarandunga en La Vereda, debajo del árbol guatapanal (X.P.)

Las tradiciones son espontáneas. Critico cuando una persona expresa “llevo el folklore en la sangre” o “llevo el carnaval en la sangre” y pienso que donde lo lleva es en el bolsillo y pensar que los portadores o hacedores no tienen la culpa porque en el transcurrir de los años los han acostumbrado a eso: pedir.
Son esas personas que cabildean un reconocimiento o un premio, porque tienen toda una vida ligada al trabajo que ellos mismos escogieron, y esto se da en todas las profesiones. Y me pregunto: ¿por qué hay que darme un premio por un trabajo que lo he hecho con pasión y espontáneamente? ¿Por qué debo cabildear un reconocimiento donde laboro o he laborado si me pusieron ahí para esos fines?. ¿Por qué tengo que premiar a mi hija que pasó de curso o limpió la casa si ese es su deber o su misión? A mis hijas les he inculcado que todo lo realicen con amor, que la recompensa sea la satisfacción de haber servido y aportado a la sociedad.
Teatro cocolo danzante, San Pedro de Macorís (X.P.)
Y ellos no tienen la culpa sino los comerciantes de la cultura, los que imponen reglas que hay que llevar por encima de todo y esos hacedores se vuelven marionetas, son usados por esos poderes. Ya las comparsas de indios participan en el renglón fantasía, el Alí baba también, los diablos de la Capital quieren estar acompañado de los Alí baba, teniendo estos diablos su propia música que son los cascabeles, cencerros, etc., quieren lucir atractivos inventando. El asunto es que nunca han tenido una buena orientación. 
Hilda Peguero baila sarandunga (X.P.)
El pasado miércoles 29 de junio se celebró la segunda manifestación en la ermita de Hilda Peguero en Fundación Peravia. Hace varios años que en esta comunidad el Santo se lleva al Río; no así en Pueblo Arriba, ya que esta primera manifestación se ha transformado por necesidad, porque la delincuencia arropa los barrios de Baní. Antes la fiesta era el día 23 de junio durante el día y la noche y al amanecer del 24, Día de San Juan, se llevaba la efigie del santo al río para darle un baño simbólico, mientras los cofrades que acompañaban la procesión y los músicos cantaban los “moranos”, tocaban tres piezas y se daban su chapuzón. Este cambio sí es por necesidad no por imposición de personas externas. Nos queda la tercera y última manifestación en La Vereda, a unos 10 kilómetros del pueblo de Baní, que se realizará el próximo sábado 16 de julio.

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en el periódico El Nuevo Diario el 26-02-2008


y editada en Listín Diario el 6-07-2016







sábado, 25 de junio de 2016

Un mataburro cibaeño

Los esposos Frank y Joseína
Es un interesante diccionario  con el título “Aiguna palabra dominicana”, cuya autoría es de una pareja dominicana residente en Estados Unidos, Francisco de Padua Morales (Frank Morales) y María José Garrido Abreu (Joseína Morales). 
A Frank lo conozco vía correo electrónico desde el 2013, luego intercambiamos libros ese mismo año, pero todavía no lo conozco personalmente ni recuerdo cómo nos conocimos. A su esposa tampoco la conozco, pero lo importante es que hemos entablado una amistad que solo se ha logrado con la tecnología. 
Aunque en el primer conversa’o fue por su libro El mangú, me referiré al mismo en otra columna. Me encantan las expresiones orales, esas que marcan cada pueblo, cada región, cada país. 
 
Ese hablar que por su entonación, por su significado cambia de un grupo humano a otro enriqueciendo nuestra lengua. Es una obra de 441 páginas, de las cuales 413 páginas abarcan el diccionario, entre palabras y frases y las demás incluyen “Cosas de los campos”, “Dichos y cosas populares” “Cantos y juegos de niños, “Canciones de niños”, “Dichos, versos y otras cosas de niños” y “Algunas décimas dominicanas”. Frank me envió una nota en la que me expresa  “Como tú más que yo sabes, esta clase de libros se mantienen “vivos”, es decir, que hay que mantenerse añadiéndoles vocablos, dichos, etc., a las futuras ediciones. Tengo una buena lista para la próxima”.  Cuando leo esta nota de Frank me siento entusiasmada, porque un hombre que se gradúa de médico en 1953, ejerció la medicina hasta el 2001 en Estados Unidos de Norteamérica donde reside hace años, y por demás se dedica a escribir para estar en contacto con su tierra que lo vio nacer es digno de un reconocimiento por todos los dominicanos que apreciamos nuestra cultura tradicional y popular. 
 
Sus vivencias están plasmadas en este libro y en El mangú, y vendrán más investigaciones, porque lo mejor que tiene es que su esposa es una mujer “que le hace el dúo”, que es parte de ese libro, que no se sienten solos, porque sus hijos, por ejemplo Marco, son orientadores y logísticos de sus obras. Lo que no sé es si la familia Morales me va a “borrai con sique’gato”,  me van a armar un “repeipero”. Cuida’o Joseína si su “marí’o”  está “desaiboliao” luego de leer esta columna y se va “como peo’e mula”.

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 22-06-2016

sábado, 11 de junio de 2016

La fiesta de los Guillén



Mañana domingo 12 es el encuentro con la cultura de la zona de Yamasá y sus alrededores y estará dedicada a Santiago de los Caballeros.
Hace un par de años le estoy dando seguimiento a esta tradición, porque es un espacio cultural donde prima el orden, el entusiasmo, la camaradería y la receptividad de sus organizadores. 


La gastronomía de la zona estará presente, así como la artesanía con recreaciones taínas, que identifican a esta familia y todo un despliegue de grupos folklóricos que llevarán sus bailes, instrumentos y costumbres diversas.


Los medios de comunicación juegan un papel muy importante en estas actividades, por lo que allí cada punto cultural estará identificado con el objetivo de que los periodistas reconozcan las diferentes manifestaciones folklóricas del área, entrevisten a los hermanos Guillén y a los hacedores que son los pro-ta-go-nis-tas. 


Sólo ellos, los hacedores, son los más llamados a informar sobre sus prácticas, además de que el lugar, si bien es su entorno zonal, son actividades de proyección, ya que todos los grupos originales son invitados y allí, en el hermoso lugar de los Guillén, están concentrados haciendo proyección.


Por ejemplo, los Comisarios del Santo Cristo de Bayaguana estarán presentes cantando serenatas, los veremos, pero no es el lugar apropiado para hacer una investigación de campo. Tendríamos que desplazarnos a Bayaguana en los días finales de diciembre para verlos actuando de una forma espontánea;   al igual ocurre con otras manifestaciones, como los congos de Villa Mella, que sus prácticas son en otras fechas. 


Lo interesante es que ese día habrá diferentes manifestaciones tradicionales y el pueblo tendrá la oportunidad de conocer, bailar, cantar, grabar, tomar fotos y hacer trabajos de su experiencia con estos grupos de una forma sencilla, superficial, pero no profunda.


Hay que reconocer y aplaudir el arduo trabajo de la familia Guillén, donde concentran personas de todas las regiones del país y de otros países, que esperan la fiesta de San Antonio para disfrutar en un ambiente sano y acogedor.


Este domingo todos los caminos conducen a Yamasá.  Lleguen temprano para que participen de la misa que se celebra en la iglesia del pueblo. 


Una manifestación tradicional donde se concentra música, baile, catolicismo popular, artesanía, expresiones orales y la cocina tradicional dominicana.

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Folcloreando
Xiomarita Pérez -texto y fotos
Publicado en El Nuevo Diario el 04-06-2008
Editado el 11-06-2016






miércoles, 8 de junio de 2016

Música típica y bombón


Don Américo y yo salimos de la Capital el domingo a las 10 de la mañana rumbo a Moca. Nos paramos cerca de Cutupú a degustar unos chicharrones que estaban en su punto, crujientes, frescos, en un espacio higiénico abarrotado de gente con el mismo fin que nosotros.
Llegamos a Moca, contemplé la iglesia con su fachada preciosa, una de las más bellas del país. La panadería donde compraríamos galletas de manteca estaba cerrada. Nos sorprendió la cantidad de farmacias “Lista B” que encontramos en nuestro trayecto. Luego atravesamos Santiago para ir directamente a Imbert a conocer y probar el bombón de melao.  
Lo primero que hicimos fue buscar a Zoila Sención sin saber dónde vivía. Les preguntamos a algunas personas se la describimos y solo un motoconchista nos llevó hasta su casa, pero no estaba la “maivá”.
Don Américo dijo que no iba a insistir, que teníamos que ir al cumpleaños del músico típico Carlitos Almonte en Navarrete, pero todavía mi estómago y mi mente estaban pensando en el bombón de melao, que ya Puly Gómez había comentado en su página de Facebook.
¡Por fin!, encontramos un colmado abierto y compramos dos paquetes; tenía tantas ansias de probarlo que casi desbarato la funda. En el mostrador había queso de hoja y uno de los dependientes nos dijo que el bombón con dicho queso es la combinación perfecta, pero no le hicimos caso. Tomamos carretera rumbo a Navarrete y allí disfrutamos de las ejecuciones musicales en la casa de Carlitos Almonte. Les contamos a los presentes lo del bombón de melao y un “Jinchaíto” de Moca nos ratificó lo bueno que es comerlo con queso de hoja
Compartimos con Luz Mery Almonte, hermana de Carlitos, y sus hijos Carlos José y Michel. También conocí a José Leonel Gómez, el Toro Negro, un músico de 20 años que maneja el acordeón con ambas manos. Pues de ahí salimos para Jacagua, donde degustamos también de las ejecuciones de un maestro del acordeón típico Lupe Valerio.


Finalmente el reloj nos reclamó que era hora de retornar a Santo Domingo, y en la ruta aprovechamos para comprar el queso blanco que nos habían recomendado dos personas y comprobar lo conveniente de acompañar nuestros bombones, tal como se acostumbra en Imbert. Salir de la ciudad es un respiro placentero.
 
El Toro Negro

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 8-06-2016

miércoles, 25 de mayo de 2016

No engañemos al turista

Desde hace varios años escribo sobre la preocupación que me inunda porque estamos engañando a los turistas vendiéndoles “cangrejitos por botones” o “gato por liebre”. En la mayoría de las playas dominicanas se está vendiendo por ámbar, que es una resina fósil, por una resina sintética con un “escorpión” dentro (me imagino que lo traen de China). 
Recientemente estuve en un hotel y pregunté a uno de los vendedores en la playa qué material era la piedra que tiene el animalito dentro y me dijo que era ámbar y le expreso con dudas ¿ámbar? -Sí, es resina de ámbar y lo vendo en 1,500 pesos.
 
Esta resina sintética se vende en R.D. como ámbar

Luego entro a una de las tiendas dentro del centro hotelero y me encuentro con variedades de ámbar y le pregunto a la dependiente que si tiene ámbar con insectos en su interior y me contestó que sí, pero con diferentes precios, dependiendo del tamaño de los “dijes” y el tipo de insecto. Me mostró algunos y los precios oscilan desde 25,000 a 60,000 pesos. Esto quiere decir que a los turistas los engañan y a nosotros también si desconocemos el material, y más a los dominicanos ausentes que quieren el ámbar y se los llevan, lo lucen y hacen alarde de que compraron una piedra original cuando es una resina sintética.
 
Artesanía haitiana

Así sucede con las artesanías en madera que son de identidad haitiana y su pintura ‘naif’, las que admiro y respeto mucho, pero venderlo como identidad dominicana no lo acepto y nuestros vecinos no son los responsables. Son los dueños de hoteles y restaurantes los que deben tener el conocimiento, incluso, deben participar en talleres sobre el tema. Pueden vender su artesanía, pero con el sello identitario de su país y no importaría.
Mientras esté viva seguiré criticando esta situación tan vergonzosa. En este país hay juez y parte y por eso es que estamos así. Lo peor es que los guías llevan a los turistas donde le “mojan” la mano, aunque estén vendiendo unos llaveritos con el dibujo de una pareja haciendo sexo, con un sombrero mexicano que les oculta solo sus rostros y dicho sombrero reza: “Hecho en República Dominicana”. Vergüenza nos debe dar, y nadie dice ‘na’.

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 25-05-2016

jueves, 19 de mayo de 2016

Vivencias en mi Villa Juana



 
Farmacia Española
No recuerdo un caso igual al que les cuento, en relación a una pintura de labios. En los años 70, hubo una moda en los cosméticos, básicamente en la juventud y en personas adultas y lo fue el pintalabios número 53 de la línea de belleza Margaret Astor. Lo recuerdo como ahora y muchas veces he pensado si lo estarán produciendo, porque me gustaría adquirirlo. Era de color café claro un poco bronceado, y no dudo que fuera el único color de esa época con tal aceptación. Si bien es cierto que los pintalabios van a tono con el color de la ropa, eso no ocurría con este pintalabios. También recuerdo que cuando ya estaba gastado disfrutábamos de entrar el dedo en el envase casi vacío y sacar una “boronita” de esa crema acaramelada con olor a café.
 
Pedro Holguín y Carlos Manuel Valerio con afro y pantalones campanas
En esa época también estuvo de moda la colonia Jean Naté, la marca de pantalones Levy, el “hot pants”, los pantalones Cantinflas, los campanas, las medias de mallitas, el corduroy, los panties “talla única”, y los “mangas largas y cuello tortuga”, el esmalte marca Cutex, las toallas sanitarias Eva, promocionada por la extinta Marcia Matos en Radio Guarachita; el azúcar de leche, que es la lactosa, el litargirio (óxido de plomo) para el mal olor de los sobacos o axilas, el afro, el chargui, "a lo boy".

De emisora ni hablar, recuerdo HIG, RPQ Cadena Azul, La voz del Trópico, Radio Radio y qué decir que en esa década la avenida más transitada era la San Martín y una de sus tiendas principales era Graná, que la anunciaba en televisión José Joaquín Pérez “Como Graná no hay ná’”. Luego le tocó el turno a Plaza Naco y después El Conde.
 
Antigua Compra-Venta Gardenia
Recuerdo como ahora el programa Letra y Música, de Rafael Solano. Juan Colón tenía su "fanclub". Guardaba su Ford Cortina blanco en un garaje de la Peña Batlle frente a casa. Para las adolescentes era un orgullo conversar con él, porque era de la “farándula”, que en ese tiempo era una gran cosa. 
El programa lo veíamos en un televisor Sharp de cuatro patas, blanco y negro. Recuerdo una obra de Joseph Cáceres en el legendario Club Mauricio Báez y fue “Tataiba”. De los colmados el de Quírico, que estaba en la Peña Batlle con Summer Welles, era en el que mi madre tenía crédito. Y la Compra-Venta Gardenia?
 
El colmado de Fellito
Otros dos colmados en mi barrio era el de Salustiano y el de Fellito, que aún conserva su fachada, con los mismos colores que guardo en mi memoria, azul y rojo. Había una barrita donde también vendían leche batida con vino tinto y canela, era de Julia; y otros dos negocios “La telefónica”, frente a casa; y La Casona, en la Peña Batlle con Summer Welles, frente a la Farmacia El Sol, de don Pedro, que en la segunda planta estaba la “embajada” de Gaspar Hernández. En esa esquina Carmen y yo esperábamos a las 6:00 de la mañana la guagua de la Compañía Nacional de Autobuses, siendo las primeras en recorrer la ruta que nos llevaría al Colegio Santa Clara en la Ciudad Colonial.

Con Fellito, personaje emblemático de nuestro barrio
Un personaje de ese pedazo sectorial fue Chicho, un limpiabotas que aunque se “propasaba” con las muchachitas, también me cuidaba cuando llegaba a las 12 de la medianoche, después de una presentación y la guagua de la UASD me dejaba en una esquina.

Los jóvenes y niños que recuerdo son: los hermanos Juan (Guancho), Carlos Manuel, Rubén y Carlos Valerio (Maguiga), Norma y Daisy, hijos de Limba; Negro, Alvarito y Miguel Angel (Capute) hijos de Apolina, y sus nietos Miguel, José y Andrés. Tres personas que también vivieron en la Peña Batlle 104 fueron Juan José Bona, Ramón Arístides Morán (Yiyi) y Tony Oliva, que emigraron de Puerto Plata para estudiar en la Capital.
 
Casa del maestro Cayín y Mireya en la Alonso de Espinosa
Al esposo de Apolina le decían Puto. Los hijos de Juana y Medina: Rafelito, Milagros (quien me pasaba la tenaza), Toña, Victoria, Carlitos (bailador de salsa), José, Luisito y Nelson. También Lidia y Negro, con sus hijos: Argentina, Thelma, Alicia y David; Mamita, Leda, Neyda, Rolo, Miguel, las mellizas: Teté y Tití. Sensa, Virtudes, Noña. Elsa, doña Tila, doña Gregoria, Luisita, Noemí y doña Dinorah, Miguelina, Julito, Miguel Andrés, Alberto; Carmen Ventura, Berto, Susana, Chanito, José, Josefina, Marola, Patricio, Teté y Tití, Mima y Rafael, doña Palmira, Miriam y Helen Rojas. Reina y sus hijos; Carlitos, Magaly, Tita, Mercedes, Mima y sus hijas; Doña Elsa, propietaria de la fantasía donde mamá compraba los encajes y botones. La panadería de Plácido, donde papá compraba sus panes después que le dió un boche a un panadero que pasaba a las 5:00 de la mañana voceando “mami, llegó papi, llevo pan ñoño mami, que si lo aprietan grita” y el panadero jamás le “voció” a mamá
 

Al lado de la panadería todavía se conserva preciosa la casa de madera pintada de verde de la familia Guzmán-Garcia (Mireya y Cayín) El maestro Kayín era ebanista y todo los arreglos de la casa lo hacía él. Qué decir de José, de la Farmacia Española, un ser humano bondadoso, de Leonel Carrasco,  de Lucrecia “La tineyer” y su madre Fonsa; de Rosalía, la del salón donde me desrizaba y su esposo, Edel. Los Montalvo (Matilde, Nieves, Robertico, etcétera). También de Ruth Miriam Cohn Thomas y su Jardín Ruth Elena, Miguel Cohn; doña Marina y sus tantos hijos, doña Consuelo y sus hijos Víctor y Bolívar; el salón de Dionys. Los Andrickson, los Ariza, los Vargas-Candelario. Recuerdan el teatro Cometa?

Antigua farmacia El Sol. Arriba estaba la "embajada" de Gaspar Hernández
Pasar mi pubertad, adolescencia y adultez en Villa Juana, después de llegar desde Puerto Plata, fue una experiencia divina, porque aprendí que las personas adquieren formación desde su casa, y vivir en vecindad me ayudó a conocer personas sencillas, que todavía tengo en mi memoria.

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