lunes, 25 de mayo de 2015

¿Qué mostramos dentro y fuera?

                                       
Muchos dirán que a mí no se me pasa una y que siempre vivo buscándole las cinco patas al gato, pero es que no concibo quedarme callada cuando me tocan mi dominicanidad, mis sentimientos y lo que defiendo.  
Uno de los carnavales que más defiendo por su apego a las tradiciones, por su coherencia y esencia carnavalesca es el de  Santiago de los Caballeros. Es el carnaval que, aunque se ha transformado, no ha perdido su identidad. Entonces, como lo defiendo, cuando observo una acción como la que vi en una foto publicada en un medio digital, jamás puedo quedarme callada. 
Santiago, además de Salcedo, Cotuí, entre otros carnavales, reflejan su empoderamiento. Lo único que le he criticado a los lechones de Santiago es que en los desfiles duran mucho exhibiéndose y pasan uno a uno, no como comparsas, y son de los más vistosos, creativos y mantienen su identidad. 
Me detuve, viendo el personaje que recrea la marchanta, que es una expresión  costumbrista de la Ciudad Corazón, y que todavía se ven algunas en las calles. Cuando observé de la cintura para abajo me sorprendí. 
El grupo Los Andulleros de Santiago me informó que la música que estaba bailando la “marchanta” no era la apropiada para la escenificación y vale. La música carnavalesca de una marchanta podría ser el pregón o parlamento que en la vida real utilizan para vender sus productos, pero también pudiera ser una canción o un ritmo cuyo contenido sean pregones. Jamás debe ser una música de gagá y menos bailarla con unos movimientos que no están acordes con el tema. 
Otro elogio para los lechones es su musicalidad, que son los cascabeles y fuetes, sin ninguna contaminación de otras provinciasSentí pena por lo sucedido, ya que fue una representación justamente donde la señora Ángela  Fernández, del Comité Organizador de la Parada Dominicana en Nueva York, dice que ser dominicano es un orgullo, lo que es cierto, pero ese orgullo no tenemos que demostrarlo dando golpes de barriga ni bailando el perrito, sino con acciones positivas que se nos “engrifen” los pelos de la emoción al recrear nuestras costumbres y tradiciones. 

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 20-05-2015

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