miércoles, 13 de mayo de 2015

Folklore musical e identidad

Cuando se habla de Folklore hay que decir: antes y después de Fradique Lizardo, porque fue quien lo revolucionó en cuanto a las investigaciones y estuvo asesorado por la pionera del folklore dominicano, doña Edna Garrido de Boggs, quien se fue muy joven a Estados Unidos, casó con el folklorista Ralph Boggs y dejó un legado escrito sobre nuestra cultura tradicional.  Estando en el Ballet UASD en 1974, los congos tenían un montaje con acordeón, y cuando Fradique reinicia su vida en el país es que los miembros y directores de algunos grupos folklóricos empiezan la investigación, ya que antes no se hacía de una manera habitual. Nos dimos cuenta, yendo a Villa Mella, que los congos nunca se habían tocado con ese instrumento y mucho menos los palos o atabales, que es nuestro ritmo nacional por excelencia.
Hablo de Fradique, porque buscando en mis archivos encuentro una copia de la ponencia que este pronunciara en la Primera Mesa Redonda del desaparecido suplemento Isla Abierta del periódico Hoy, con el tema “La música popular dominicana y su contacto con el folklore”, en el que expresa su preocupación en cuanto a este tema.
Siempre ha existido confusión respecto a lo que es popular y lo que es folklórico. Todo lo folklórico es popular, pero no todo lo popular es folklórico. Para que un hecho sea folklórico debe ser anónimo, funcional, oral, tradicional, empírico, dinámico, popular, colectivo, regional y universal.
Así como la música clásica tiene su clasificación: orquesta sinfónica, orquesta filarmónica, si es privada o pública; orquesta de cámara, orquesta sinfónica, si es más pequeña o más grande, etc.,  la música folklórica también: el grupo musical de güira, tambora, acordeón y marimba es un conjunto folklórico. Al grupo musical de güira, tambora, acordeón y marimba que se le agrega el saxofón ya es un conjunto típico. Si se le agregan uno o dos instrumentos es un “pericombo”. Si estos grupos son personas que lo que hacen es inventar y no ensayan es un “ventú”, luego vienen los conjuntos u orquestas populares con más instrumentación y con personas que han hecho estudios musicales.
Nuestro merengue “Compadre Pedro Juan”, que es un clásico, aunque mantiene sus tres partes: paseo, cuerpo y jaleo, no es folklórico, porque tiene autor conocido, es un merengue tradicional de don Luis Alberti. Igual que el carabiné de Alberti, que es de salón. 
 Tanto Luis Alberti como Julio Alberto Hernández y otros compositores hicieron música dominicana. Entre los artistas que toman como base elementos folklóricos para hacer música dominicana, están Kinito Méndez, Juan Luis Guerra, Johnny Ventura y Joseíto Mateo. Respecto a los grupos folklóricos danzarios o ballets folklóricos que integran en su repertorio artistas populares que interpretan un merengue tradicional popular, como “Compadre Pedro Juan” u otro con autor conocido, no está haciendo folklore, está proyectando la música popular dominicana. Lo importante es no confundir una cosa con la otra. Si bien es cierto que los grupos de proyección folklórica son los que nos deben representar dentro y fuera del país, esto no significa que los maquillemos para que se vean bonitos, sino hacer los montajes apegados lo más posible a la realidad folklórica y no estar imitando a grupos folklóricos de otros países. También sucede con las danzas de origen español, que queremos demostrar tanto nuestro complejo de Guacanagarix que cuando esos grupos viajan a Europa tienen un montaje y una indumentaria que cualquier persona creería que son españoles los que están bailando, porque visten con un ropaje de lunares, estolas, castañuelas y los movimientos de las manos, creyendo que estamos haciendo las cosas correctas, y lo que hacen es burlarse de nosotros como dominicanos. El tener influencia de tres culturas no significa que somos españoles, africanos o taínos. Somos criollos y debemos velar por nuestra identidad. Lo que se refleja es que estamos buscando aceptación, como también sucede cuando recibimos a una visita norteamericana en nuestros hogares y lo que le brindamos es una bebida gaseosa de la que ellos están acostumbrados a tomar. Hagámosle una aguita de limón, tamarindo, café o lo que aparezca, pero que sea nuestro, porque esa bebida gaseosa la toman a diario en sus casas. Lo que el público extranjero quiere ver es nuestra cultura, dentro o fuera del país. No quieren ver imitaciones de otras culturas, porque aunque ustedes no lo crean, aparecen dentro del público personas que saben más de nuestras raíces que nosotros mismos, que son investigadores, que cuando vienen al país se van a los campos y pueblos y no vienen dirigidos, vienen solos, y se hacen sus propios juicios de lo que tenemos culturalmente como nación.

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando 
Publicada en Listín Diario el 6 y 13 de mayo 2015

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