miércoles, 17 de diciembre de 2014

Añoranzas navideñas

De mi niñez en Puerto Plata recuerdo los 23 de diciembre en que se celebraba el Día del Niño y era el último día de clases, nuestra fiesta y la entrega de notas. 
Al día siguiente, Nochebuena, se hacían los preparativos para que Carmen y yo nos acostáramos temprano, porque en la mayoría de los pueblos, principalmente en el Cibao, quien “ponía” era el Niño Jesús, amaneciendo el 25, Día de Navidad. 
Ese día en la tarde íbamos donde nuestro padrino Segundo González y su esposa Cristina, compadres de papá y mamá, en Villa Montellano, a buscar nuestro regalo de Navidad. Tenían una tienda y nuestros obsequios siempre eran telas de organdí (del que picaba) y de “arroz con coco”
Aunque mi madre me confeccionaba el vestido forrado, en tiempo de calor me daba una picazón que ya pueden imaginarse.
En esos viajes navideños visitábamos a doña Lolita, que vivía debajo de la mata de “anacaguita”, que ya no existe, y también a doña Pruda, que su casa tenía un patio grandísimo, donde jugábamos con las gallinas y demás aves.
Recuerdo que en mi casa me dejaron una vez un juego de aposento en miniatura, en una madera fuerte “y me duró hasta que se acabó”.
Mi madre viajaba a Puerto Rico, en los años 60. En uno de esos viajes trajo un arbolito plateado de 6 pies y bolas azules. Estaba en el rincón de la sala al lado derecho. No necesitaba luces, porque sus ramas eran de un material de aluminio flexible brillante. También el “Niño Jesús” me puso unos patines que sus ruedas eran cajas de bola. Todavía tengo las marcas diseñadas en mis piernas de recorrer la “bajaíta” de la Padre Castellanos, a partir de la calle del cementerio municipal, cruzando la Salomé Ureña hasta el colmado de Antonio Santos.
No recuerdo que en mi casa se comprara muebles ni se pintara en Navidad. Esto se hacía en cualquier época del año, igual que la ropa nuestra, porque éramos de pocos recursos y mis padres no eran empleados fijos, pero muy trabajadores, don Viterbo Pérez, chofer, y doña Ena, modista, con un alto sentido de responsabilidad como cabeza de familia.
Cada familia le impregna un toque particular a este período

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en el Listín Diario el 17-12-2014.

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