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Cartas manuscritas

Por motivo de trabajo y de esta columna tuve que aprender a usar la Internet. Lo he asimilado, pero des-pa-cio. Me gusta escribir a mano o que me escriban, y más si es con pluma fuente; me encanta utilizarla.
Autógrafo escrito por mí a mi exvecina Miguelina Guzmán en noviembre de 1971
El tipo de letra refleja el carácter, el temperamento, el estado anímico de las personas, y solo elaborar la carta, ponerla en el correo, refleja también el interés y el sacrificio de un ser que te dedica tiempo. Además, por las letras te das cuenta el nivel cultural, la educación de quien te escribe y sabrás como tratarla. ¿Recuerdan cuando finalizábamos el bachillerato... que nuestros compañeros nos firmaban autógrafos? Como mis padres no tenían recursos para comprarme los bellos autógrafos que se vendían en las librerías con hojas multicolores, tomaba un cuaderno pequeño y lo partía por la mitad y formaba dos cuadernillos. Los forraba: uno de color rosado y otro azul y les colocaba encima un plástico transparente para protegerlos. En el azul, firmaban los varones y en el rosado las hembras ¿sexismo? 
Otro autógrafo para Miguelina Santos
Como terminé mis estudios secundarios en el Santa Clara, que en ese tiempo solo era de hembras, los profesores varones me firmaron el azul. No solo era firmar, era plasmar bellas palabras, muchas veces inventadas por el compañero y otras veces rebuscadas en un poema: “Si el no verte me da la vida y el verte me da la muerte, más quiero morir y verte que no verte y tener la vida”. 

El profesor que impartía religión, el padre Benjamín González Buelta, me firmó  el autógrafo que rezaba así: “A Xiomara que siempre andaba buscando en el diccionario mis errores”. Algunos escribían en la hoja de color azul: “Azul es el cielo, azul es el mar, azul es la hoja que te voy a firmar”. 
Acróstico para Miguelina Santos
Y el que firmaba la última página: “El que te quiera más que yo que te firme en la página siguiente”. También se usaban los acrósticos, que es la elaboración de versos con la primera letra del nombre. Ahora se usa embadurnar el uniforme de nombres con bolígrafos y marcadores.  
Antes recibía tarjetas de Navidad, cartas pueblerinas, telegramas. El teléfono, celular, la Internet han transformado esta tradición.
El Inposdom tenía un anuncio exhortando a los dominicanos a enviar cartas manuscritas. Se pudiera recrear la tradición aprovechando las vacaciones de verano y la época navideña.

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 4-06-2014

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