miércoles, 28 de agosto de 2013

Vacunas y jeringuillas de cristal


Una vez me clavé en la planta del pie y lo primero que hizo mi madre fue colocarme en la herida raíz de anamú embadurnada con trementina, todo envuelto y amarrado con un paño. 
Eso sí, no podía pasar por donde hubiera estiércol u orina de caballo, porque me podía dar tétano. Antes existían dos tipos de vacunas antitetánicas: la humana y la de caballo.
La más barata era la de caballo. En esos tiempos no se usaban las jeringuillas desechables sino las de cristal, que luego de su uso se ponían a hervir, para desinfectarlas, en ollitas esmaltadas. Eran reusables. Tengo una jeringa de cristal para mostrarla a los que nunca la han visto. En algunas casas ponían letreros ofreciendo este servicio: “Se ponen inyecciones”, pero tenían que  presentar la receta.
 
 
Muchas veces eran “norsas” o enfermeras que se ganaban esos chelitos haciendo este servicio. Estas personas tenían fama de que al inyectar poseían la mano liviana o la mano pesaba, dependiendo de la paciencia o dulzura de la especialista. 
Ya es muy raro que las personas se animen a inyectar, siempre lo hacen en las clínicas, eso se olvidó. ¿Recuerdan que había gente que eran expertas en tirar la jeringa a larga distancia, principalmente en las nalgas? y luego frotaban con algodón untado de alcohol y masajeaban (ya no lo hacen).
Si la persona que inyectaba era poco diestra le salía un hematoma o moratón y esto era producto de la inexperiencia en estos menesteres. 
Importante: Nos preguntaban si habíamos comido y si era así teníamos que esperar hacer la digestión, además de que nunca se inyectaba en pleno sol sino “con la fresca” que significaba al atardecer. 
Antes le daban una palmadita en el lugar del hecho para que se te adormeciera y no te doliera, y ahora te dicen: “respira profundo”
Es costumbre decir a los niños, cuando están llorando por lo que le espera, que la inyección lo sanará, sin embargo, cuando están de malcriados les dicen: “sigue molestando que te van a poner una inyección”. 
Yo no entiendo a la gente grande

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Columna Folcloreando
Publicada en Listin Diario
28 de agosto de 2013


miércoles, 21 de agosto de 2013

Características del Folklore

En el Día Mundial del Folklore



Antes de leer ¿Qué es el Folklore? de Isabel Aretz (2da edición 1992), ya sabía cuáles eran las características que debía tener un hecho folklórico, porque en mis años en el Ballet Folklórico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), como integrante y relacionadora pública (27 años en total), además de recolectar datos cuando iba a algunos lugares “con mi propio peculio”, participaba de las reuniones que se hacían antes del ensayo, en la que su director, José Castillo, hablaba del aspecto teórico del folklore.
 Esas características son: oral, tradicional, anónimo, empírico, colectivo, popular, funcional, dinámico, regional, no sistemático, universal.
Las aprendí de por vida, aunque esa clasificación fuera modificada reduciéndola a partir del Congreso Internacional de Folklore, celebrado en Buenos Aires, “a lo popular, anónimo y tradicional”, no en 1961 sino en 1960, fecha en la que además se instituyó el 22 de agosto Día Mundial del Folklore, siendo Augusto Raúl Cortazar (no Cortázar), Director del Fondo Nacional de las Artes y Presidente de la Comisión Internacional Permanente de Folklore.                                      
Traigo este tema a colación porque buscando en mis recolecciones me encuentro con la grabación y digitación de la conferencia Teoría del Folklore que pronunciara el profesor José Castillo Méndez en el curso taller de Folklore dominicano para profesores, que organizara la Dirección Nacional de Folklore (DINAFOLK) de la Secretaría de Estado de Cultura y la Dirección General de Cultura de la Secretaría de Estado de Educación en diciembre del 2005. 
En su alocución él nombra cada característica y la describe detalladamente, dando ejemplos de cada una para mayor comprensión.
La primera característica que mencionó fue que “el folklore es anónimo (autor conocido que se perdió en el tiempo); es colectivo: mediante un proceso de socialización los hechos se convierten en folklórico”, poniendo como ejemplo el merengue Compadre Pedro Juan y el merengue Mataron el chivo, señalando que este último es folklórico.

 “No es sistemático, ejemplo de los sombreros que utilizan los hombres en los grupos folklóricos que no tienen un patrón fijo para su elaboración sino una forma de hacerlo; el hecho folklórico no puede ser el resultado de un proceso de institucionalización, ejemplo: los uniformes militares, de las escuelas, los hábitos de las monjas y las oraciones de la iglesia no pueden ser folklórica, porque para cambiarle las letras debe formarse un concilio”, haciendo hincapié que el pueblo todo lo “folkloriza” (puso ejemplo de una oración religiosa).
“El folklore se transmite de manera oral, tradicional, lo que lo hace dinámico, porque el hombre y la mujer cambian y el folklore también.  
Es empírico, es funcional, no en término de la teoría funcionalista, sino que tiene que tener una función (cuando la cintura de la mujer es sujetada por la mano derecha del hombre le da seguridad en el baile)”.
               
Por lo visto, en la ciencia nadie tiene la verdad absoluta. Augusto Raúl Cortazar desde el 1942 fue quitándole y poniéndole características al fenómeno folklórico, sucediendo en 1944, 1947, 1949, etc. 
Para Carvalho-Neto (1979) el hecho folklórico está caracterizado “por ser anónimo y no institucionalizado y, eventualmente por ser antiguo, funcional y pre-lógico....”; Para el antropólogo Rogelio Martínez Furé (1976) “el folklore es lo opuesto a lo oficial, a lo libresco o institucionalizado, es producto de las expectativas socioeconómicas e históricas de toda la comunidad....”.
                 
Celso Lara Figueroa (1981) “el fenómeno folklórico es aquel hecho socio-cultural que se caracteriza por ser popular, estar socializado, transmitirse por medios no institucionalizado a través de la vía oral, estar localizado geográficamente, ser anónimo y tradicional y cumplir una función en la sociedad que se desarrolla”. 

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Columna Folcloreando
Publicada en El Nuevo Diario
19 de septienbre de 2007

viernes, 9 de agosto de 2013

Domingos de "Bonyé"


El son, la salsa, el merengue tradicional, la salve, y todas las artes musicales se dan cita en este reencuentro de gente.





Las Ruinas de San Francisco se han convertido desde hace varios años en el escenario obligado para bailar y compartir cada domingo a partir de las 5:00 de la tarde.

Decir “voy para Bonyé” es lo mismo que caer allá, ya que eleva esas ruinas coloniales a su máxima expresión por el personaje que le ha dado vida al lugar desde sus inicios, y energía al grupo musical homónimo, compuesto por Félix Báez, Néstor Sánchez, Chino Méndez, Franklyn Soto y Roberto Bobadilla. 


 José María Guerrero es “Bonyé”, quien fuera la pareja de baile de Inocencia Paredes (Chencha). Dibujaba sus pasos, hacía figuras, punteos acompasados, ganándose el  cariño y el respeto de todos los que lo conocieron, como un ícono bailable del son.

El son, la salsa, el merengue tradicional, una salve, un grupo folklórico, un cantautor y todas las artes musicales se dan cita en este reencuentro de gente con ganas de disfrutar sanamente, al aire libre. 

Es un encuentro con la cultura del mundo, es un punto turístico y todos caben en este espacio, siempre que no se atente contra la moral y las buenas costumbres.

Desde el medio día la gente llama a los camareros vía celular, para que le reserven sus mesas en un lugar cómodo y cerca de la pista.


Sino, se sientan en la grama, las escaleras y hasta llevan sus banquitos y sillas portátiles para botar el golpe bailando o disfrutar observando a una que otra pareja moviendo el esqueleto sin saber por dónde va el ritmo, pero lo importante es que se sienten bien, ya que ese lugar no es frecuentado por la mayoría de los soneros, que son críticos con su baile urbano.


Es para todos los que sientan que la música forma parte de su vida, los niños, jóvenes y adultos en sano esparcimiento.




Momento dedicado a los héroes de la patria

Uno de los momentos más solemnes es cuando el reloj marca las 8:00 de la noche.

Es la alabanza a la bandera dominicana, la insignia tricolor, que se inicia con la canción Quisqueya, cantada por todos los asistentes y dirigida por Néstor Sánchez, quien hace mención de todos los que contribuyeron a nuestra libertad, como país.

Luego el acto es sellado con Los Algodones, un merengue clásico que ha hecho historia, interpretado por el Grupo Bonyé.

Las 10:00 de la noche y es hora de partir, dejar atrás a esas ruinas solitarias, las que recobrarán vida el próximo domingo

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Por Xiomarita Pérez
Publicado en el Listin Diario, el 28 de julio 2013