miércoles, 24 de abril de 2013

Las telas y su textura

Mi madre era modista y siempre nos hacía vestiditos de los sobrantes. Una vez me hizo uno de tres colores, rojo, azul y blanco, de la misma textura, imagínense, la bandera dominicana. Doña Edna, como le decían, tenía mucha creatividad para combinar colores y texturas.
Mi padrino Segundo González, que vivía en Montellano, tenía una tienda de telas y todos los 25 de diciembre íbamos a buscar nuestro regalo de Niño Jesús. Cada año nuestro regalo era tela, tela y más tela. En esas nunca faltó el arroz con coco que, aunque mi madre me confeccionaba el vestido forrado, en tiempo de calor me daba una picazón que ya pueden imaginarse.
¡Ay! el organdí (no suizo) era otro que picaba. Pero los vestidos en esas telas eran las galas de los bautizos y cumpleaños, ya que los ricos usaban organdí suizo, peau de soie (podesuá) raso o satén de duquesa, estopilla, seda china, algodón. Existían otras telas como la guinga o cocaleca, mil rayas o mallorquín, chambray, indiangé, tafeta, tul, georgette (yoryé), crespón, hilo, charly, dacrón, que estaban de moda. ¿Y el aliento de niño?, precisamente por ser tan suave así lo nombraban.
Para los varones, además del mallorquín, el dril, la gabardina, corduroy, fuerte azul y el casimir inglés para los trajes de gala.
Las telas para vestidos de promesa eran de Macario, buenatu o “alistao”, que son unos cuadritos diminutos que muchas veces se combinaban con tela de color morado obispo. Todavía se conserva esta tradición.
Las modas de antes eran chemisse, imperio, mil varas, marinero, plisados, sesgado, camisero, tachones encontrados, yonsu, María Victoria, etc., pero la moda más convencional fue el vestido camisero.
En la actualidad lo que más se usa es el algodón por nuestro clima tropical, además de la estopilla, y el lino. Las jóvenes usan telas que expanden y las más adultas para las noches de fiesta usan el chiffon, que es una de las telas más glamorosas.
Para el luto cerrado tela negra de algodón, para el “medio luto” estampados de color negro y blanco, para el “disimulo” se utilizan colores tenues como el morado lila, gris, marrón oscuro, crema, blanco y azul marino. 

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Columna Folcloreando del 24 de abril, 2013 




lunes, 8 de abril de 2013

Cota, no costra

Hace varias décadas se escuchaba a las madres decir “vete a bañar que tienes cota”. No sé si es que porque los tiempos han cambiado por el trajín diario o porque existe otra palabra que desconozco que ya no la escucho. Pero esa era la palabra que se utilizaba cuando un muchacho tenía un collar de sucio en el cuello o detrás de las orejas, o por qué no, en las articulaciones donde se acumulan las sales dejadas por el sudor.   

Sé que cuando estén leyendo se recordarán cuando los padres nos revisaban las orejas y el cuello, antes de irnos para las escuelas y colegios, para chequear si teníamos “cota”, lo que indicaba que no nos habíamos bañado correctamente. Lo que seguía era desvestirnos y entrarnos a la bañera y con una toallita quitarnos “la cota“con el dedo índice envuelto en una toallita o con un “musú”.
 
Cuando hablo de los muchachos incluye también a las hembras, porque no me gusta esas divisiones de géneros, que lo que ha hecho es que también nosotras las madres, nos tiremos a las calles a trabajar  por 20 horas y dejemos a esos muchachos solos y no tengamos ni espacio ni tiempo para revisarlos, inspeccionarlos o supervisarlos, por si acaso tienen “cota”. En eso deberían estar esas madres que todavía no se cansan de trabajar en las calles ni de estudiar, hacer postgrados y maestrías, mientras los hijos, además de oler a “chimicuí” se están criando solos, sin tener al lado a sus padres para que los deshollinen. 

En esta época hay más drogadicción, más delincuencia, anormales preferencias sexuales, incesto... porque estos jóvenes no tienen afectos y quienes deben suministrarles esos lazos están trabajando para poder alimentarlos. Quien esto escribe prefiere que esos muchachos coman plátanos vacíos o que tengan una microempresa en sus respectivas casas que los integre a todos, ya sea vendiendo helados artesanales, una tiendecita, yaniqueque, en fin, existen infinidades de negocios que se pueden hacer de la casa. 

Lo peor de todo es que cuando estos padres quieren darles afectos es muy tarde. Ya otra persona lo está haciendo por usted. Esos padres ¿nunca han pensado qué están haciendo sus hijos en sus propias casas? ¡Alerta!
Ojalá que esta reflexión sirva de aliento para recapacitar en cuando a la crianza hogareña.

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Columna Folcloreando
Publicado el 15 de junio, 2011

miércoles, 3 de abril de 2013

Habichuelas con dulce

A mi hija Noelia no le gustaban las habichuelas guisadas y me las ingenié haciendo habichuelas con dulce un día a la semana. Duré más de dos años en esos menesteres. Mis amistades sabían que siempre la tenía en existencia.
Este plato es típico de Cuaresma, pero esa fecha es la que menos escojo porque “titirimundachi” lo hace y hay “pasadera” entre los vecinos para degustarlo, porque es parte de nuestras costumbres.
Antes era más común elaborarlas con leche de coco y leche de vaca. 
Se servía como plato, principalmente en la cena y a cada miembro de la familia le tocaba un envase grande, con el objetivo de que repitiera. No se guardaba sino que se repartía en el vecindario, ya que se elaboraba con la leche del coco y por la ausencia de energía eléctrica se ponía rancia.
Ya es un postre, no plato, y se guarda en el refrigerador, pudiendo durar dos o tres días si las mismas son elaboradas con leche evaporada o con la leche de vaca, a pesar de que es difícil, porque si aparece el líquido blanco lo “bautizan”.
Algunas personas no le echan batata a este rico postre porque le da “jervores”, “jervedero” o acidez. Algunas familias le agregan un pedacito de jengibre que es bueno para el estómago.
La riqueza de la cocina tradicional es que cada grupo le agrega diferentes ingredientes, por ejemplo, harina de trigo para espesarla o chocolate para “darle fuerza”, sin embargo dejarla reposar luego de quitarla del fuego la espesa y mucho más si tiene batata. Las galletitas de leche con la cruz y el casabe tostado con mantequilla no faltan en este postre.
En el Sur la especia que utilizan es la malagueta y en el Cibao canela y clavo. En algunos pueblos del Cibao le dicen frijoles con dulce y las personas ancianas de Villa Jaragua y parte del Sur profundo le dicen “condolio” a este postre.
Me imagino que es por el término condolencia, que es el dolor que compartimos por la muerte de un ser querido, en este caso la muerte de Jesucristo.
El sociólogo José Guerrero es el investigador que más ha escrito sobre este plato y/o postre, único en el mundo.

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Columna Folcloreando del 3 de abril, 2013